En este artículo vamos a desarrollar el Ratio de información, uno de los indicadores más valorados entre los profesionales por la claridad con la que resume la gestión de un fondo de inversión. Aunque su cálculo es muy sencillo, sus conclusiones resultan enormemente reveladoras, y sorprende que siga siendo un gran desconocido entre muchos inversores minoristas, quizá porque no aparece con tanta visibilidad en herramientas populares como Morningstar.

¿Qué es el Ratio de información?
El Ratio de información (RI) relaciona el exceso de rentabilidad de un fondo respecto a su índice de referencia con su Tracking Error (TE). Su meta es medir cuánta de esa diferenciación acaba traduciéndose en rentabilidad.
Si no conoces el Tracking Error, te recomiendo leer este artículo.
En otras palabras, mientras el Tracking Error mide la desviación típica entre la rentabilidad del fondo y la del índice, el Ratio de Información indica cuánta rentabilidad genera esa diferencia, ya sea positiva o negativa.
Como puedes ver, la fórmula es muy sencilla:
RI: Rentabilidad del fondo – rentabilidad del índice / Tracking Error
¿Cómo se interpreta el Ratio de información?
El RI mide la eficiencia del gestor a la hora de convertir Tracking Error en rendimiento. Mientras el TE muestra la dispersión respecto al índice, el RI aclara qué parte de esa dispersión acaba siendo rentabilidad para el inversor.
En general, se considera que:
- RI > 0 → Buen dato: el fondo ha obtenido un retorno mayor que el mercado.
- RI < 0 → El fondo ha quedado por debajo del índice, aunque cuanto más cercano a 0 sea el valor negativo, menor será el déficit.
Es fundamental entender la lógica que hay detrás de esta métrica: preferiremos fondos con un RI más elevado, ya que con la misma desviación ofrecen mayor rendimiento.
¿Cuál es la lógica tras el ratio?
Supongamos un fondo con un Tracking Error del 5 % y un rendimiento del 10 % a tres años, mientras el índice ha obtenido un 5 %. Ese TE de 5 % indica que el fondo podía moverse ±5 % respecto al mercado. Haber logrado un 10 % supone que el gestor ha convertido toda su capacidad de diferenciación en rendimiento positivo, obteniendo así un RI de 1, la perfección matemática.
Si la situación hubiera sido inversa y el fondo hubiese obtenido un -10 % frente al 5 % del índice, habría transformado toda su diferenciación en pérdidas y el RI sería -1. Entre ambos extremos existe un rango habitual: lo normal es encontrar RI entre 0,3 y 0,6; por encima de 0,6 el resultado ya es excelente y acercarse a 1 de manera sostenida es poco frecuente.
¿Qué es un buen o mal Ratio de información?
En teoría, un RI de 1 representa la perfección matemática: el gestor convierte toda su capacidad de desviación en rentabilidad positiva. En el extremo opuesto, un RI de -1 indica lo peor posible, pues toda la dispersión se traduce en pérdidas.
¿Puede el RI superar 1? Sí, pero suele ocurrir en momentos muy concretos. Imagina un gestor cuyo Tracking Error ronda el ±5 %, pero que de forma sostenida obtiene una diferencia de ±7 %. Mientras el TE no recoja todavía esa mayor dispersión, el RI rebasará 1. Tarde o temprano, el TE terminará ampliándose para reflejar los nuevos datos de rentabilidad y el ratio volverá a ajustarse.
En la práctica, se considera normal que el RI se sitúe entre 0,30 y 0,60. Superar el 0,60 ya es un resultado muy bueno; alcanzar 1 de manera consistente es rarísimo y denota una eficiencia extraordinaria. Encontrar fondos que mantengan un RI de 1 de forma permanente es, por tanto, poco habitual.
¿Si el Ratio de información es malo?¿Descartamos el fondo?
Un Ratio de información negativo aparece en cuanto la rentabilidad del fondo queda por debajo de la del índice, pero eso no significa automáticamente que el fondo sea malo. Si un producto bate al mercado a cinco o diez años, el dato adquiere más peso; sin embargo, un tropiezo a tres años no basta para catalogarlo de ineficiente. De hecho, si a diez años el RI sigue en negativo, entonces sí resulta razonable concluir que la gestión ha aportado poco o ningún valor.
Además, la rentabilidad simple no cuenta toda la historia: de ahí que el Alfa sea más completo, pues incorpora el efecto de la Beta. Un fondo puede superar al índice en términos absolutos y, aun así, destruir valor si su Beta es demasiado alta; o puede quedar algo rezagado y, pese a ello, ser más eficiente.
Por eso tiene sentido una versión corregida del ratio:
Ratio de información corregido: Alfa/Tracking Error
Esta variante muestra cuánta unidad de Alfa obtiene el gestor por cada punto de dispersión. Sin ella, bastaría con que el mercado suba un 15 % y el fondo un 14 % para que el RI salga negativo y demos por malo al producto, cuando en realidad podría estar gestionando riesgo de forma más inteligente. Métricas como la correlación y la Beta influyen mucho en el resultado y ayudan a completar el diagnóstico.
Un ratio variable y muy dependiente de los resultados a corto plazo
Como ocurre con casi todos los indicadores que empleamos para analizar fondos, el Ratio de información también tiene sus defectos, y el principal es su volatilidad: al incorporar directamente la rentabilidad en la fórmula, el resultado cambia con facilidad de un año a otro. Cuanto más activo sea el fondo, mayor será la dispersión respecto al índice y, por tanto, más sensibles serán las oscilaciones del RI.
Eso explica por qué un producto puede lucir un RI muy elevado tras una racha favorable y, tras un ejercicio complicado, aparecer con un valor bajo o incluso negativo. Por ese motivo lo más prudente es calcularlo en el plazo más amplio posible y no conformarse con la foto a tres años; idealmente conviene extender el análisis desde el lanzamiento del fondo o, como mínimo, desde que el actual gestor tomó las riendas.
En la práctica, el RI se convierte así en ese dato que muchas gestoras destacan cuando “salen bien en la foto” tras un ciclo propicio, pero que tienden a esconder cuando el mercado se gira y la métrica deja de ser tan favorecedora.
El índice de referencia: un factor decisivo
Tal como ocurre con otros ratios, el benchmark resulta crítico porque puede alterar por completo el valor que arroje el Ratio de información. Al estar la fórmula basada en restar la rentabilidad del índice a la del fondo, el mismo producto puede mostrar un RI positivo frente a un mercado y negativo frente a otro. De ahí que la percepción del inversor cambie radicalmente según el punto de comparación elegido.
El Tracking Error también influye, pero su impacto es menor que el del propio índice: si el benchmark no refleja bien el universo de inversión del fondo, el RI quedará distorsionado desde el primer paso. Por eso, quienes analizan fondos fijándose solo en los ratios corren el riesgo de depender en exceso del benchmark asignado, e incluso de ser mal orientados si la plataforma o la gestora elige un índice poco representativo (algo menos habitual, pero posible).
En síntesis, antes de juzgar un RI conviene asegurarse de que el índice de referencia sea realmente el adecuado; de lo contrario, el dato puede engañar tanto al profesional como al inversor minorista.
Reflexiones sobre el Ratio de información
Con todos sus matices, el Ratio de información se considera el ratio estrella para valorar la destreza del gestor a la hora de convertir dispersión en rentabilidad. Su fuerza se multiplica cuando se emplea para comparar fondos similares, ya que permite ver de un vistazo qué producto es más eficiente.
La clave no es solo que el dato sea positivo o negativo, sino cuánta rentabilidad positiva genera cada unidad de Tracking Error. En definitiva, buscamos que, con la menor dispersión posible, el fondo obtenga la mayor rentabilidad sobre el índice.
Conclusión
En definitiva, el Ratio de información es una herramienta muy utilizada en el ámbito profesional porque revela cuánta desviación frente al índice consigue transformar el gestor en rentabilidad positiva. Ahora bien, la variante Alfa/Tracking Error depura ciertos defectos del indicador original y ofrece una visión más precisa del valor añadido real. Como ocurre con otros ratios, un dato negativo no convierte automáticamente a un fondo en un mal producto: el contexto y el horizonte temporal importan. La meta teórica sigue siendo alcanzar un valor de 1, pero, en la práctica, cualquier cifra que supere 0,50 ya se considera excelente.







