Ratio de Sortino: qué es y cómo interpretarlo

17, Jun 2025

Ratio de Sortino

En este artículo vamos a hablar del Ratio de Sortino, una variante del Ratio de Sharpe que ayuda a comprender mejor el papel de la volatilidad y su impacto real sobre los resultados. No es un indicador frecuente entre inversores minoristas, sobre todo porque no suele aparecer en portales abiertos y muchas gestoras ni siquiera lo publican, pero sí se emplea con asiduidad en entornos profesionales e incluso en estrategias de trading o gestión de carteras. Como cualquier ratio, resulta útil dentro de un análisis completo, aunque no es un santo grial imprescindible.

Ratio de Sortino

 

¿Qué es el Ratio de Sortino?

 

Sigue la lógica del Ratio de Sharpe, pero sustituye la volatilidad total por la volatilidad negativa, es decir, la dispersión que se produce sólo en los periodos de caída. Así, el Sortino mide la relación rentabilidad-riesgo considerando exclusivamente el riesgo «malo».

Su fórmula básica es:

ratio de sortino

Cuanto mayor sea el valor del resultado, mejor es la estrategia en términos del riesgo (negativo) asumido.

 

¿Qué sentido tiene el Ratio de Sortino?

 

La volatilidad clásica describe la desviación en la evolución diaria de un fondo, pero no distingue entre movimientos “buenos”,cuando el precio sube, y “malos”, cuando cae. Muchos inversores, al oír “volatilidad”, piensan solo en riesgo negativo, aunque en realidad las subidas también suman a la cifra. El Ratio de Sortino surge precisamente para separar ambos mundos e identificar el impacto real de las caídas.

Imaginemos un caso extremo e irreal, salvo que se trate de un fraude: un fondo que cada día cierra en positivo, sin registrar pérdidas nunca. La serie de precios mostraría fluctuaciones únicamente al alza; habría volatilidad, sí, pero exclusivamente “positiva”. ¿Podríamos decir que el fondo es arriesgado? Si definimos el riesgo como la posibilidad de perder, la respuesta sería no: en un producto que no baja jamás, la volatilidad no refleja peligro alguno.

Este ejemplo muestra por qué la volatilidad tradicional puede resultar engañosa: mezcla dispersión alcista y bajista sin diferenciar su efecto. Además, las oscilaciones no siempre son simétricas: las subidas suelen ser más suaves y frecuentes, mientras que las caídas se concentran en momentos bruscos. De ahí la necesidad de un indicador como el Sortino, que solo contabiliza la parte de la variabilidad que duele, la que se produce en los descensos, y ofrece así una imagen más fiel del riesgo que de verdad preocupa al inversor.

 

Fondo A

 

Imaginemos un fondo que sube el 80 % del tiempo con una volatilidad en las subidas del 8 %, y que solo experimenta caídas el 20 % del tiempo con una volatilidad en las bajadas del 2 %. Para simplificar, no calcularemos aquí la volatilidad media ponderada.

Si analizamos este producto con la volatilidad tradicional, obtendremos un dato que no refleja el riesgo real, porque en los días negativos el fondo se mueve muy poco. En cambio, al aplicar el Ratio de Sortino, que solo usa la volatilidad de las caídas, el resultado será claramente mejor que el mostrado por el Ratio de Sharpe.

Ahora bien, basta con invertir las cifras de volatilidad en las subidas y bajadas para apreciar una brecha sustancial entre ambos ratios.

 

Fondo B

 

Supongamos un fondo que sube el 60 % del tiempo con una volatilidad del 5 % y que, en el 40 % restante, registra caídas cuya volatilidad se dispara al 20 %.

  • Presentará un Ratio de Sharpe “normal” porque este promedio mezcla toda la dispersión. 
  • Sin embargo, su Ratio de Sortino será mucho más bajo: cuando el fondo pierde, las caídas pueden ser amplias y dolorosas. 

Este patrón es muy común en renta variable: las subidas suelen ser menos intensas pero más frecuentes, mientras que las caídas aparecen con menor regularidad, aunque son más agresivas. De ahí que, en el Fondo B, el Sharpe resulte mejor que el Sortino; la verdadera inestabilidad se concentra en los descensos, justamente la parte que el Sortino enfatiza.

 

¿Cómo usar el Ratio de sortino?

 

Generalizar rangos “buenos” o “malos” es casi imposible: existen demasiados tipos de fondos, mercados y estrategias. Por eso, como sucede con cualquier métrica, no basta con enfrentar el Ratio de Sharpe al Ratio de Sortino y quedarse solo con la cifra absoluta. El dato cobra sentido solo cuando se compara con los ratios de otros fondos de la misma categoría.

Habrá segmentos de mercado donde, por su propia naturaleza, ningún producto presente un Sortino mejor que su Sharpe; esa circunstancia no convierte a esos fondos en malos. Lo relevante es entender cómo se relacionan ambos ratios dentro del grupo comparable y detectar quién se sitúa mejor en términos relativos.

Precisamente, uno de los defectos del Sortino es que resulta difícil establecer un umbral que marque cuándo el dato es bueno o malo; la clave está en el contexto y en la comparación con iguales.

 

Reflexiones sobre el Ratio de sortino

 

El sesgo defensivo

 

Por definición, el Sortino tiene un enfoque prudente: es una versión “protectora” del Sharpe porque se fija exclusivamente en lo que ocurre cuando el mercado cae.

Ahora bien, ¿es un ratio útil para cualquier perfil de inversor?

Optimizar el riesgo siempre suena bien, pero en carteras que asumen un 70 – 80 % de renta variable el impacto práctico puede ser limitado. Si nuestra meta es obtener la máxima rentabilidad a largo plazo aceptando una volatilidad elevada, descartar un fondo solo porque su Sortino es bajo corre el riesgo de alejarnos de productos que, aunque caigan más, también suben con mayor fuerza.

La realidad es que, para obtener rentabilidades muy altas, lo habitual es tener que aceptar fondos que amplifican los movimientos del mercado tanto al alza como a la baja. Por eso el Sortino se consulta sobre todo en carteras conservadoras; los inversores agresivos rara vez lo colocan entre sus métricas clave.

 

Lo que nunca ha pasado, puede pasar

 

Debemos recordar el pavo de Taleb, que es especialmente relevante en este caso. Si no sabes lo que es el pavo de Taleb, te recomiendo leer el siguiente artículo.

Con ratios defensivos como el Sortino se genera con facilidad una falsa sensación de seguridad: vemos que un fondo aguanta bien en las caídas y pensamos que siempre será así. Taleb nos recuerda que un entorno nuevo puede aparecer de la nada y convertir a ese fondo “tan estable” en un producto con mucha más volatilidad y pérdidas más profundas.

Sorprende cuántos inversores intentan construir carteras con todos los ratios imaginables para lograr la “relación rentabilidad-riesgo perfecta”. Buscan el fondo con volatilidad baja, buena rentabilidad, drawdowns reducidos y un Sortino que supere al Sharpe: en definitiva, una caja de seguridad indestructible. Sencillamente, eso no existe.

Los mercados cambian, las estrategias evolucionan y los ratios que ayer parecían infalibles mañana pueden dejar de funcionar. Tener presente esta realidad nos ayuda a evitar sobresaltos.

En resumen, llenar la cartera de fondos con Sortinos excelentes no garantiza invulnerabilidad: lo peor siempre puede suceder. Lo que nunca ha pasado, puede pasar.

 

Verifica el dato

 

El Ratio de Sortino es el típico ratio que las gestoras te lo mostrarán sólo cuando es bueno contra el mercado o fondos comparables. Este buen dato puede ser algo puntual y no por una consistencia o lógica detrás.

Cuando veas un Sortino brillante, pregúntate si encaja con la filosofía del producto y si se mantiene en periodos distintos. Al fin y al cabo, fuera del ámbito profesional, es un ratio poco consultado; se utiliza más entre gestores que comparan carteras que entre inversores minoristas que eligen fondos individuales.

 

Conclusión

 

En definitiva, el Ratio de Sortino evalúa la relación rentabilidad-riesgo considerando únicamente la volatilidad de las caídas; es decir, mide cuánto se gana por cada punto de riesgo “negativo” asumido. Es un ratio difícil de utilizar y contextualizar, porque primero hay que entender cómo se comporta la volatilidad según el mercado y el tipo de activo. Su verdadero valor emerge cuando se compara un fondo con otros de la misma categoría, del mismo modo que ocurre con el Ratio de Sharpe. Aunque sigue siendo una métrica poco extendida entre los inversores minoristas, resulta especialmente útil en fondos y carteras de enfoque defensivo.

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