En este artículo vamos a ver un concepto clave, la correlación, que impacta tanto a la hora de seleccionar un fondo de inversión como en su encaje dentro de las carteras.
Se confunde mucho con la Beta, cuando en realidad no tienen nada que ver, aunque muchas veces son necesarias para entender cómo interactúan entre sí.

¿Qué es la correlación?
La correlación mide la asociación entre dos variables numéricas, evaluando si existe una tendencia creciente o decreciente en sus datos.
En otras palabras, mide el grado de similitud entre la dirección que toman dos activos, con un nivel de intensidad determinado.
En definitiva, nos indica el movimiento que A puede hacer respecto a B.
¿Cómo interpretamos la correlación?
La correlación puede oscilar entre -1 y 1:
- Correlación = 1: Indica una relación positiva del 100% entre ambos datos. Si un fondo sube o baja, el otro hará exactamente lo mismo.
- Correlación = -1: Indica una relación inversa del 100%. Si un fondo sube o baja, el otro hará justo lo contrario.
- Correlación = 0: Significa que no existe relación entre ambos datos (descorrelación). El movimiento de un fondo no guarda relación con el del otro.
Entre estos extremos, hay toda una gama de valores intermedios. Por ejemplo, una correlación positiva de 0.80 indica que hay un 80% de probabilidad de que, si un fondo sube o baja, el otro también lo haga en la misma dirección.
Por tanto, la correlación mide la probabilidad del movimiento de un producto, mientras que la Beta mide la intensidad de ese movimiento. Así, podemos tener tres fondos de inversión con correlación 1 respecto a su índice, pero cada uno con distinta Beta.
Motivos de su importancia
La correlación es fundamental por muchos motivos y aporta información valiosa en diferentes aspectos del análisis.
Identificar los fondos de inversión respecto a su mercado
El primer uso, y el más evidente, es comparar con los índices. La correlación nos ayuda a detectar similitudes entre estilos de inversión, fondos y mercados.
Por ejemplo, un fondo de renta variable global tendrá correlaciones diferentes según su estilo de inversión. No mostrará la misma correlación frente al MSCI World que frente a un índice Growth o uno tecnológico.
- Si es un fondo generalista, tendrá más correlación con un índice global amplio como el MSCI World.
- Si es un fondo puramente tecnológico, la correlación será mayor con un índice tecnológico.
Sin embargo, esto no siempre resulta tan evidente; en ocasiones no tenemos claro cuál es el índice de referencia apropiado, y la correlación es la herramienta que nos ayudará a determinar qué tipo de fondo tenemos delante.
La capacidad de diferenciación de un fondo
En este caso, correlaciones relativamente bajas (entre 0.4 y 0.6) evidencian la capacidad del fondo de diferenciarse respecto a su índice o a otros fondos comparables.
Si hablamos de correlaciones muy bajas (entre 0.30 y -0.30) o cercanas a 0, el fondo prácticamente no guarda relación con el mercado, algo común en fondos de retorno absoluto o en algunos fondos mixtos muy flexibles. Sería muy poco probable (o casi imposible) que un fondo de renta variable tenga una correlación de 0 con su índice, aunque sí podemos encontrar correlaciones cercanas a 0 al compararlo con otro tipo de activos.
Asimismo, existen correlaciones negativas (ya sea total o parcial) que permiten al fondo actuar a modo de cobertura, ayudando a descorrelacionar las carteras. Esto resulta especialmente útil en momentos de caídas.
En la práctica, lo más común es que nuestras carteras tengan productos con correlaciones relativamente altas, que suelen oscilar entre 0.70 y 0.90.
Cómo encaja en nuestras carteras
La correlación no solo sirve para valorar un fondo respecto a un mercado o a productos comparables, sino también para analizar su encaje en la cartera.
A igualdad de condiciones, añadir productos con menor correlación mejora la relación rentabilidad-riesgo de la cartera. Una cartera con productos descorrelacionados permite que, mientras unos suben, otros bajen y viceversa, haciendo que la curva de rentabilidad sea más estable. En consecuencia, se reduce la volatilidad sin afectar de forma negativa a la rentabilidad. Por tanto, a la hora de añadir fondos, debemos priorizar aquellos con menor correlación dentro de un rango razonable.
La diversificación real en nuestras carteras no depende solo de añadir más fondos, sino de incorporar productos que se comporten de forma diferente, es decir, que estén descorrelacionados.
Reflexiones generales
Como todas las métricas, la correlación es un dato variable y puede cambiar con el tiempo. Este comportamiento es especialmente notable en escenarios de pánico o caídas generales del mercado, que suelen modificar las correlaciones. Está demostrado que, en momentos de fuertes caídas, activos con correlaciones históricamente bajas pueden incrementar su correlación, es decir, moverse de forma más similar.
Por ejemplo, la renta variable tiende a correlacionarse más en momentos bajistas, mientras que activos refugio como el oro tienden a descorrelacionarse aún más durante dichas fases.
Existen muchos matices y factores que influyen, como la situación de cada tipo de activo, su interacción en el mercado o las condiciones económicas generales. Es importante entender el comportamiento de cada activo y cómo funciona la correlación en distintos contextos.
Conclusión
En definitiva, la correlación nos indica la relación en el comportamiento de dos activos, que puede ser totalmente positiva o totalmente negativa. Este concepto es útil tanto para elegir un fondo respecto a su mercado o comparables como para la construcción de carteras. Sin embargo, es complejo de interpretar a causa de los cambios que se producen en la tendencia de los mercados. No olvidemos que la correlación es un dato variable y que, en determinados momentos, puede alterarse drásticamente la correlación habitual entre distintos productos o activos.
Lo que sí está claro es que utilizar la correlación de manera adecuada tiene un impacto muy positivo en la diversificación real de nuestras carteras.






