En este artículo vamos a introducir la inversión factorial dentro del mundo de los fondos de inversión, viendo cuál es su aporte dentro de las carteras y la importancia que tiene a la hora de analizar los diferentes productos, principalmente de renta variable.
Se podría considerar la inversión factorial como un paso inseparable del análisis y selección de fondos, y un paso posterior al asset allocation, ya que, una vez tenemos clara la distribución de la cartera, debemos profundizar en el estilo que queramos que esta tenga.

¿Qué es la inversión factorial?
La inversión factorial busca encontrar estilos o patrones de inversión que hayan demostrado, o bien ser más rentables que el mercado en su conjunto a largo plazo, o bien tener rasgos diferenciales respecto al mercado en general.
Esto se aplica tanto a la gestión activa, buscando acciones concretas que cumplan unos requisitos, como a la gestión pasiva, encontrando o creando índices “mejorados” en los que invertir.
Visto de otra forma, la inversión factorial sirve para reflexionar sobre las siguientes cuestiones:
- ¿Los índices son perfectos? Partimos de la base de que la perfección no existe: no hay índice ni fondo perfecto.
- ¿Es imposible encontrar otra distribución mejor a largo plazo en rentabilidad o rentabilidad-riesgo? Mediante la gestión activa y semiactiva claro que se puede mejorar un índice en rentabilidad y riesgo, en función de las necesidades de cada inversor. Algunos inversores buscarán optimizar la mayor rentabilidad, mientras que otros aceptarán obtener menos rentabilidad si esta se consigue asumiendo menor volatilidad por el camino.
- ¿Hay tipos de empresas y mercados que se puedan agrupar en categorías o son todos iguales? No todas las empresas ni mercados son iguales. Los índices se pueden optimizar eliminando compañías de peor calidad, buscando las infravaloradas y penalizadas por el mercado, o sobreponderando empresas y sectores con características concretas.
Al final, la inversión factorial consiste en encontrar estilos que tengan mejor comportamiento que el mercado en su conjunto, por ejemplo el MSCI World a largo plazo, el índice de referencia mundial de las economías desarrolladas.
Seguro que muchas veces habréis escuchado a inversores decir que el MSCI World no se puede batir a largo plazo y que no merece la pena invertir en productos de gestión activa. Pues, como curiosidad, es la propia MSCI, la empresa que crea el índice, quien identifica factores que han demostrado batir al índice a largo plazo. Por lo tanto, sí se puede batir a la renta variable global a través de productos que sepan encontrar las mejores empresas dentro de los diferentes factores de inversión.
No es posible separar los factores de la inversión en fondos
Pese a ser relativamente desconocida, más allá del debate entre value y growth, que muchas veces los inversores no conocen a fondo, la inversión factorial tiene una importancia enorme a la hora de invertir en fondos, especialmente con peso de renta variable en las carteras.
Hay estilos de inversión y tipos de empresas asociados a rentabilidades y riesgos diferentes, incluso a comportamientos cíclicos en función de la situación del mercado. Esto es fundamental para mejorar nuestro proceso de selección de fondos: obviar esta información sería saltarse un paso clave. Incluso aquellos fondos que no siguen un factor concreto acaban encajando dentro de alguno de los existentes, porque la propia selección de activos los “empuja” hacia un estilo. En el extremo contrario, muchos fondos se etiquetan a sí mismos con un factor para diferenciarse, incluso a nivel de gestora no es raro ver casas, sobre todo independientes y pequeñas, que aplican un único factor en todas sus estrategias y se definen, por ejemplo, como value o growth.
Esto deriva en que muchos inversores no son conscientes de que gran parte de la rentabilidad y el riesgo que tienen los fondos de sus carteras están determinados por los factores que hay detrás.
La inversión factorial conecta con los gustos y preferencias personales
El debate de estilos va íntimamente relacionado con las preferencias y la visión del mundo de cada inversor, algo que debemos tener claro al construir una cartera.
En muchas ocasiones, un estilo puede encajar exactamente con nuestras necesidades. Los factores predominantes suelen ser value y growth, pero hay otros, como baja volatilidad, que pueden ser justo lo que un inversor estaba buscando. Por tanto, esto es clave para conectar los fondos con nuestros objetivos.
Por ejemplo: el factor dividendos se asocia a mayor sensación de seguridad; comprar empresas baratas e infravaloradas conecta con value; e innovación y crecimiento con growth. Solo con estos tres factores podemos distinguir tres perfiles de inversor muy distintos.
Conclusión
En definitiva, la inversión factorial es un elemento clave tanto para la selección de fondos como para la construcción de carteras y es inseparable del proceso de análisis. Necesitamos conocer los factores y cómo nos impactan, porque distintos factores se acoplarán mejor o peor a diferentes preferencias de inversión. Por todo ello, dominar los factores de inversión nos ayuda a ser mejores inversores.







