Factor Value. ¿Qué es y por qué es el más famoso?

20, Oct 2025

factor value

En esta ocasión vamos a analizar el factor value, quizá el más conocido de todos, pero también uno de los más polémicos y malinterpretados, en gran parte por la apropiación del término por parte de muchos inversores. A lo largo del artículo veremos las características que lo definen y comprenderemos por qué no es lo mismo hablar del factor value que considerarse un “value investor”.

Aun con todas estas confusiones, el factor value está ampliamente reconocido en la industria y resulta fácilmente identificable a través de distintas métricas de valoración.

 

¿Qué es el factor value?

 

La definición más habitual del factor value lo describe como la búsqueda de acciones baratas en relación con su valoración actual, bajo la premisa de que comprar compañías infravaloradas debería traducirse en un mayor rendimiento futuro.

Este enfoque convierte al factor value en un factor procíclico: su comportamiento tiende a amplificar el del mercado, de modo que en fases alcistas puede subir más, pero en fases bajistas también puede caer con más fuerza. Esto se refleja en una Beta más elevada y, en consecuencia, en una mayor volatilidad.

No existe un consenso absoluto sobre qué ratios lo representan mejor, pero MSCI, en la construcción de sus índices value, se apoya en tres métricas clave:

  • Forward Price to Earnings (Fwd P/E)
    Enterprise Value / Operating Cash Flow (EV/CFO)
    Price to Book Value (P/B)

De esta forma, para MSCI son consideradas empresas value aquellas que encajan mejor en estos criterios de valoración.


¿Cómo ha funcionado el factor value?

 

En la siguiente gráfica podemos observar el rendimiento del factor value frente al MSCI World desde 1999 hasta 2025. Llama la atención que se tome como referencia precisamente 1999, ya que el horizonte temporal no es demasiado amplio y, además, coincide con un momento delicado: justo antes del estallido de la burbuja de las puntocom.

Aun así, los datos son reveladores. Desde 1999, el factor value ha batido al MSCI World en un 1,5 % anualizado, lo que demuestra su capacidad para generar un extra de rentabilidad. Sin embargo, no ha sido el más rentable en este periodo: los factores Quality y Momentum lo superan.

Durante buena parte de las últimas décadas, el value se mantuvo como factor dominante, aunque en los últimos cinco años ha sufrido más que otros estilos y ha perdido protagonismo frente a sus competidores. No obstante, en 2022 volvió a brillar con fuerza, situándose de nuevo a la cabeza y recordando a los inversores que, a largo plazo, sigue siendo uno de los factores más sólidos y probados.

Es importante subrayar que este resultado, una rentabilidad media anual superior en un 1,5 % al MSCI World, se consigue simplemente seleccionando empresas que cumplen mejor con los tres ratios mencionados (Fwd P/E, EV/CFO y P/B). Esto refuerza la idea de que sí es posible batir a la gestión pasiva a través de factores, y más aún si se cuenta con gestores capaces de afinar la selección y extraer todavía más valor.

En la siguiente gráfica se presenta la información de otra forma, incluyendo no solo la rentabilidad, sino también la volatilidad anualizada:

volatilidad del value

Aquí vemos que, efectivamente, el factor value está entre los más rentables, pero también es el que presenta mayor volatilidad, situándose por encima del resto de factores en términos de riesgo.

Por ello, diferentes estudios y fuentes coinciden en describir al factor value como el que ofrece mayor rentabilidad histórica, mayor volatilidad y los periodos más largos de “underperformance”. Y, en gran medida, su fama procede precisamente de esa dualidad: un estilo capaz de generar grandes resultados a largo plazo, pero no exento de duras rachas en las que quedarse atrás frente al mercado.

 

¿Qué es ser Value?

 

Al ser uno de los factores más rentables de la historia, muchos inversores han querido subirse a la etiqueta de Value investor, apropiándose del término y mezclándolo con lo que realmente entendemos por factor value. Esto ha ocurrido en parte por la conexión del value con el análisis fundamental clásico y con figuras icónicas como Warren Buffett, cuyo estilo de inversión marcó a generaciones enteras.

El problema es que esta asociación ha generado mucha confusión. Cuando un gestor se define como Value investor, muchos asumen automáticamente que su filosofía se basa en comprar compañías “baratas” según valoraciones tradicionales. Pero en la práctica esto sucede cada vez menos.

Un buen ejemplo lo encontramos en ciertos fondos catalogados como growth. Aunque compren empresas con valoraciones aparentemente elevadas, lo hacen convencidos de que esas compañías tienen un potencial de crecimiento que justifica pagar ese precio. En otras palabras, también están comprando “barato”, pero desde un prisma distinto, centrado en el valor futuro más que en la etiqueta del múltiplo actual.

Por eso es clave entender que el factor value no se limita a comprar barato, sino a adquirir empresas que cumplan con las métricas concretas que lo definen.

En consecuencia, debemos diferenciar entre lo que significa que un gestor se autodefina como value investor y que, técnicamente, su cartera pueda ser clasificada como un fondo value según los parámetros objetivos que marcan emisores como MSCI o plataformas como Morningstar.

 

¿Qué hacer si hay discrepancias?

 

Un buen consejo es que, cuando tengamos dudas sobre el estilo real de un fondo, lo mejor es fijarnos en el factor que le asigna Morningstar u otras plataformas similares. Estas herramientas nos muestran con bastante precisión en qué punto se encuentra dentro del eje Value/Growth.

En algunos casos, el fondo puede situarse en una zona intermedia más difícil de interpretar, lo que se conoce como blend. Aquí conviene apoyarse en la descripción oficial de la gestora, que suele explicar hacia dónde se inclina realmente la estrategia y cuáles son los criterios principales de inversión.

En definitiva, aunque un gestor se presente como “Value”, la cartera final siempre está sujeta a efectos factoriales, como el efecto mercado o los múltiplos de valoración. Por eso, debemos ser conscientes de si el fondo es value por convicción del gestor o porque, al analizar los números, acaba encajando en esa categoría por otras razones.

 

Conclusión

 

En definitiva, el factor value es probablemente el más famoso de todos, y su prestigio se debe a su histórico rendimiento, siendo uno de los factores más rentables a largo plazo. Al mismo tiempo, también es el que asume mayor volatilidad y caídas máximas desde que existen registros.

Sin embargo, alrededor del término existe bastante apropiación y confusión. No es lo mismo un gestor que se define como value investor que el propio factor value como está definido académicamente. Entender esta diferencia es clave para interpretar bien qué nos ofrece un fondo y no dejarnos llevar únicamente por las etiquetas.

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